Prenez soin de vous

La hoja de papel, una cuartilla, estaba doblada sobre la mesa del bar. Había pasado toda la noche sentado en la misma mesa, con varios amigos de amigos a los que apenas conocía. Una cantante amiga de uno de los amigos de mis amigos había cantado algunas canciones acompañándose de un piano de pared. Habíamos tomado vino, charlado entre canción y canción, salido a fumar, desaparecido en el baño, y regresado siempre a la misma mesa sobre la que, podría haber jurado, no había habido en ningún momento un papel doblado. Pero allí estaba ahora y al desplegarla descubrí que se trataba de una carta.

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Segunda persona del singular

Recordarían todos y cada uno de los besos que no se dieron, aceptando con un leve movimiento de cabeza, porque los que sí existieron fueron únicos, reales, la hermosura de lo irrepetible y de lo auténtico, que revivirían y reinventarían como se reviven y reinventan los veranos muertos del despertar de la inocencia. Sentirse tan cerca en un espacio irreal en el que nunca llegaron a estar del todo. Solo la memoria y la certeza.

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101

Esta es la entrada número 154 de este blog. Es un número cualquiera, un martes de una semana de noviembre de un año que no es ni múltiplo de cinco ni es par. Completamente insignificante. Pero hubo un día que el contador llegó a 100 y me dio por reflexionar. Estaba de viaje en aquel momento y no me pareció que encajara en el diario que estaba escribiendo, así que se quedó guardado. Lo releo ahora y me parece una estupidez, pero todo lo que dice sigue siendo válido al día de hoy, 50 textos más tarde.

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