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Ella aún no sabe que me quiere porque no me conoce. Aún no echa de menos mi espacio entre sus huesos, porque nunca ha estado cerca de mi. No se sorprende con mi magia porque aún no conoce mis trucos. No se gira confundida al encontrar mi olor en el aire porque aún no tiene mi cara en su memoria. No me busca en los parques que solíamos caminar, porque aún no los hemos caminado. No se tropieza conmigo en ninguna esquina, porque aún no sabemos ni nuestros nombres.

Ella aún no sabe que me va a odiar, porque no hemos llegado ni a conocernos. Aún no me insulta cada vez que aparezco en una foto, ni se arrepiente de cada uno de los objetos que me regaló y que sigo usando sin saber el significado que tenían. Aún no ha gastado mi nombre de tanto preguntarse porqué. Aún no ha pasado por la dura experiencia de entenderme. No habrá escuchado las absurdas teorías sobre el todo, y el poco significado que tiene nada. Aún no sabe que, por más horas que pierda analizando mis palabras, solo le quedará el vacío de lo mucho que hablo y de lo poco que cuento.

Aún no sabemos que vamos a perdonar todos nuestros errores, porque ni siquiera sabemos lo imperfectos que somos. Aún no conocemos los límites de nuestra paciencia, y la impaciencia que antes creíamos controlada. Aún no entendemos cómo hemos podido cambiar tantas cosas que ya creíamos imposibles de cambiar, porque aún no sabemos que vamos a tener que cambiarlas. Aún no aceptamos que vamos a olvidar todas nuestras reglas, porque ni siquiera sabemos que somos capaces de olvidarlas. Aún no sabemos que hay un otro nosotros después de nosotros individuales. Aún no sabemos que hay un otro yo capaz de ser un otro yo diferente a lo que somos ahora mismo.

Yo no sé todavía que la quiero, porque aún no he llegado a conocerla.

*Basado en una frase de Lucas Masciano “Ella aún no sabe que me quiere, porque ni siquiera nos hemos conocido

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