A Fermi le gusta el café

Este texto es parte de un diario que empieza aquí. Si has llegado a él sin leer lo anterior, será como ver el episodio quinto de la cuarta temporada de Lost sin haber visto los episodios previos: se entenderá el capítulo, pero no la trama.

Martes 19 de mayo
Dedicado a Andreas

Proyecto Manhattan

Enrico Fermi era un físico italiano que nació en 1901 y murió a los 53 años. Fue conocido por haber desarrollado el primer reactor nuclear y recibió el premio Nobel de Física en 1938. El elemento sintético Fermio recibe este nombre en su honor.

Corrían los primeros años 40 y Fermi, con otros colegas, se fueron al bar de la esquina a la hora de la pausa del café. Estaban trabajando en el “Proyecto Manhattan”, en plena Segunda Guerra Mundial. Mientras esperaban a que el camarero les sirviera a cada uno lo de siempre, porque al ser un habitual estas cosas suceden: el camarero al verte entrar te pregunta “¿lo de siempre?” y tu guiñas un ojo y él ya entiende que sí, que lo de siempre. Mientras esperaban sus consumiciones, contaba, se creó un silencio incómodo de esos en los que alguien dice “pues sí, sí” y otro hace una mueca con los labios y mueve la cabeza en señal de afirmación, como si ese “pues sí, sí” fuera realmente una gran verdad. El chico nuevo, el becario, que aún estaba intentando hacerse un hueco entre tanto genio teórico de la física cuántica, y hasta un ganador del Nobel, como no paraba de recordar constantemente Fermi: “¿Has ganado tú el Nobel? ¿no? ¡Pues te callas la puta boca!”, el becario, como decía, quiso romper el silencio y lanzó la siguiente pregunta al aire: “¿Somos los seres humanos la única civilización avanzada en el Universo?”.

Ribadeo

Estoy en Ribadeo. No llueve. En la televisión sale esta noticia: “Robo de colmenas. Más de doscientos mil euros de pérdidas. Cámaras para controlarlas. GPS para encontrarlas. Mas de mil colmenas robadas”.

Ha salido el sol. He paseado por el puerto hasta Os Cargeiros, después de comer “Zorza con Cachelos” en uno de los restaurantes de la zona antigua. Las raciones son enormes y podríamos haber comido dos personas con lo mismo. Luego un pastel de queso. Una vez leí un artículo donde se preguntaban hasta que punto en el interior de España se podía considerar “dieta Mediterránea”. ¿100 km? ¿500 km? ¿La cocina de Teruel se incluye en la dieta Mediterránea?

Azul

En Ribadeo ha crecido la población en los últimos años porque los abuelos de las aldeas se han trasladado a vivir a la ciudad. En un máximo de 30 años la población volverá a reducirse dramáticamente.

En la cafetería Cantón, al lado del Concello de Ribadeo, escucho a una abuelita pedir una servilleta o un trapo para limpiarse una gota de café que le ha caído en la ropa. Se levanta hacia la barra y camina arrastrando los pies. Debe tener más de 80 años. El pelo es muy blanco y al darse la vuelta para regresar a la mesa me mira fijamente. Tienes los ojos azules y me sorprende que sean tan azules a esa edad. Siempre había pensado que en la vejez los ojos se volvían negros.

Castillo

En la televisión el detective Castle está de rehén dentro de un banco donde unos malotes vestidos de enfermeros con mascarillas y metralletas están robando una caja de seguridad. Nunca había visto esta serie. El tal Castle tiene una hija y una madre pelirrojas. Y la compañera de trabajo es su novia. Al final del episodio Castle le pregunta a su hija adolescente, tras lo que parece una conversación de ruptura con un novio:

-Cariño, ¿estás bien?
-No, pero… lo voy a estar.

Y el episodio termina con Castle brindando con su novia, mientras la madre prepara la mesa y la niña, que estará bien, le ayuda a colocar los cubiertos. Y todos ríen, a pesar de haber estado a punto de morir, la madre y Castle, unas pocas horas antes, y que la niña le haya echado la culpa de todo a la novia nueva y que acabe de romper con el jefe del club de debates de la escuela.

Me encanta ver un trozo de algo en la televisión e imaginarme el resto.

El principio de Fermi

Dándole vueltas a la cucharilla para mezclar el azúcar, porque a Fermi le gustaba el café más bien dulce, con tres cucharillas, dio la siguiente respuesta: “Si no somos los únicos, ¿Dónde están los demás? ¿Por qué no hemos encontrado trazas de vida extraterrestre inteligente, por ejemplo: sondas, naves espaciales o transmisiones?”.

Fermi llevaba su bata blanca y la pluma estilográfica en el bolsillo, porque era muy maniático y no le gustaba que nadie, en su ausencia, usara sus cosas, así que cogió una servilleta y apuntó lo que acaba de soltar, a lo tonto. Desde que le habían dado el Nobel se le había subido un poco el ego y estaba convencido de que todo lo que decía tenía que ser anotado porque seguro valdría para algo algún día. Es lo que tienen los genios con un Nobel: que son geniales.

Esta premisa, lo que anotó en la servilleta, es lo que se conoce como “El principio de Fermi”.

Rinlo

Rinlo es una parroquia marinera que pertenece a Ribadeo y a la que se puede llegar por la nacional o siguiendo la carreta que bordea la costa, llena de peñascos y playas diminutas. Viven unas 150 personas, pero cuando camino por las calles desiertas apenas veo a diez seres humanos y a ningún perro. El oleaje es muy fuerte y rompe contra el puerto que también está vacío. Hay una casa blanca, justo al pasar el puente, que tiene ventanas azules. Se alquila. Me siento en la puerta y escucho las gaviotas y el mar y pienso que podríamos haber pasado una noche aquí.

Vegadeo

Hay una glorieta en la plaza. Sé que estuve, hace unos años, cenando unas tapas en una terraza. Era de noche y a pesar de ser julio no había nadie. Hoy está lleno de actividad.

He encontrado un café con wi-fi. Café Express. El exterior es verde, parece una taberna irlandesa. Tiene una gran barra de mosaico también de color verde con copas colgadas en el techo, hay espejos en la pared de enfrente y está cubierta de tablones a media altura. Las mesas son de mármol y las sillas de madera. Bebo sidra.

Empieza un western en la televisión. “The intruders” (Forajidos). A ratos fuera, en la calle, pasa un coche con altavoces promocionando a algún candidato para las elecciones del 24. Hay una chica joven, rubia con el pelo largo, que habla con otra mujer mayor en francés. Están sentadas frente a la ventana, y al local, con su máquina tragaperras de luces parpadeantes y la televisión gigante, le dan un aire bohemio. Beben agua y café.

Western

-Tienes 6 muescas en tu arma y una reputación que mantener. Recuerda esto: por muy alto que sea un árbol, siempre puede ser talado.

-Leora, ¿qué te pasa?
-No sé, ¿qué te pasa a ti?
-He preguntado yo primero. Nunca te prometí que sería como San Luis.
-No Sam, eso nunca me lo prometiste.

-Baja del caballo
-Apartaos de mi camino
-No me importa registrar a un hombre muerto- y empieza la pelea.

¿Quién no quiere llegar al hotel, atar el caballo en la entrada, cargar el rifle al hombro y pedir una habitación a la chica de recepción con los pechos puntiagudos y el fuego en la mirada, que te pregunte ¿en qué puede servirte? con la misma voz con la que te hablaría si estuviera desnuda con las piernas cruzadas alrededor de tu espalda y te dijera al oído ¿en qué puedo servirte?, y contestar: “una habitación“. Y ella, de nuevo con el mismo susurro cargado de sexualidad, preguntar “¿piensa quedarse muchos días?”, y tú, subiendo las escaleras, aún con el rifle en el hombro y las alforjas en una mano, parar, girarte y decirle “…puede…”, y sonreír, y mirarle a los ojos, y aún con la sonrisa en los labios, retirar la mirada con cierto desprecio y sentir como el fuego de la chica de los pechos puntiagudos simplemente crece. Crece y crece.

La paradoja de Fermi

Durante decenas de años los científicos han intentado calcular el número de estrellas que pueden albergar algo parecido a la vida. Frank Drake en el 1961 desarrolló una ecuación para acercarse a este número, la “Ecuación de Drake”, que tiene partidarios y detractores y una variante infinita de estimaciones. Los más conservadores dicen que solo un 5% de las estrellas pueden contener vida.

Hay tantas estrellas en nuestra galaxia (100.000 – 400.000 millones) como galaxias hay en el universo observable, aproximadamente, así que por cada estrella en la colosal Vía Láctea hay toda una galaxia ahí fuera. Si las sumamos todas llegamos al intervalo típicamente citado de entre 1022 y 1024 estrellas en total, lo que significa que por cada grano de arena en cada playa de la Tierra hay 10.000 estrellas ahí fuera.

La paradoja de Fermi: ¿dónde está todo el mundo?. Verne. El País.

Existe otro debate respecto al porcentaje de estrellas que podrían ser orbitadas por un planeta parecido a la Tierra. Es decir, cuántas de estas estrellas son soles y en cuántas de las rocas que dan vueltas alrededor puede haberse desarrollado vida. Los más conservadores creen que el 1% de estas estrellas pueden tener un planeta como la Tierra.

Así que hay 100 planetas análogos a la Tierra por cada grano de arena del mundo. Piensa en ello la próxima vez que estés en la playa.
La paradoja de Fermi: ¿dónde está todo el mundo?. Verne. El País.

El mismo estudio concluye que “Esto significa que habría 10.000 billones de civilizaciones inteligentes en el universo observable. [..] Hay mil millones de planetas análogos a la Tierra y 100.000 civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia.

Así que según indican los datos tiene que haber vida ahí fuera. Con toda seguridad, Pero el 100% de la comunidad científica que se pasa la vida mirando al espacio exterior todavía no ha recibido ninguna señal. Ni una sola vez. Nunca. Jamás. No hay ni una sola prueba, que se pueda medir, de que haya vida inteligente allá afuera. NADA.

Enrico Fermi, aquella mañana a principios de los 40, en plena Segunda Guerra Mundial, todavía en la pausa del café, tras anotar en la servilleta su respuesta, desarrolló una paradoja, la que se dio a conocer como la “Paradoja de Fermi”: “La creencia común de que el Universo posee numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente, combinada con nuestras observaciones que indican todo lo contrario, es paradójica, sugiriendo que nuestro conocimiento o nuestras observaciones son defectuosas o incompletas.

Naraido

Me gustaría sentarme afuera un rato, pero hace frío y no paran de caen gotas todo el tiempo. Me voy a pasar un rato a casa de los tíos, a Villaformán.

Dice Celsa que tengo las manos de mi abuelo y el dedo gordo, grueso por el centro y puntiagudo, como el tío Pedro. También dice que me río y tengo gestos del tío Álvaro. Dice que soy como el hermano pequeño de todos ellos. Que siempre estoy pensando en alguna cosa y que me gusta estar solo en la casa familiar. Como al tío Lucho.

Espuma de café

Fermi recoge con la cucharilla la espuma del fondo de la taza, cuando ya no queda café, y piensa que ninguna civilización inteligente ha llegado a sobrevivir lo suficiente para llegar a desarrollar la tecnología necesaria para comunicarse con otras civilizaciones extraterrestres, lo cual significa que todas las civilizaciones acaban por exterminarse a si mismas, y que a la humanidad le espera un trágico final. Y se queda un poco triste.

Paga su parte de la cuenta, su café, porque los millones de coronas suecas del premio son suyos y en el diploma no decía nada de compartirlo con los muertos de hambre de sus compañeros. Regresa al laboratorio y sigue trabajando en el “Proyecto Manhattan”, a ver si acaban de desarrollar la bomba atómica antes que los nazis. El becario dice algo sobre si no deberían bombardear con neutrones el uranio para obtener los isótopos de plutonio, y Fermi, encendido, contesta: “¿tú has ganado un Nobel? ¿no? ¡Pues te callas la puta boca!”.

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