A la carta

Cuando Carlos eligió de primero la ensalada de langosta con aceite de trufas, seguido de tronco de bacalao con cebolla caramelizada y pimiento confitado con su pil-pil de ajo y guindilla como plato principal, Salvador levantó la vista de la carta y dirigiendo la mirada hacia él dijo “buena elección”. Cuando Alex pidió unas tostadas de atún con pimientos, como plato único, Salvador no movió ni un solo músculo de la cara, ni parpadeó, no siquiera respiró, y pensó: “de los dos, mi hija a ido a elegir al más idiota”.

Unas horas más tarde, tumbados en el dormitorio que habían habilitado para ellos en el cuarto de la piscina, al lado del garaje, ante la negación de Alex de querer usar una de las habitaciones de las dos plantas en la casa de Muntanyà, éste preguntó a Carlos como había sabido lo que pedir, si conocía los platos, ya que nunca habían ido a un restaurante que no fuera una pizzería, una hamburguesería, un frankfurt o un buffet libre, y él había pedido lo único que le sonaba, las tostadas de atún.

Carlos respondió: “No me he fijado en lo que era, he pedido lo más caro

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