Adicciones

Quiero que sea el día siguiente de la última noche en la que, al fin, logré borrarte. Un instante después del último basta. Quiero despertar y que ya no quede nada. Cerrar los ojos ahora mismo y que al volver abrirlos todo haya pasado. Que no hayan muros que romper, ni cadenas que me aten a un pasado muerto. Volver a mirar con calma los motivos de mis adicciones y saber que ya no pueden conmigo, que estoy en paz.

No quiero ver el proceso, ni vivir el tiempo necesario para sanar. No me interesa ya ir sintiendo la mejora diaria. Simplemente quiero cerrar los ojos y dormir. Lo suficiente para que, al despertar, ya no sienta nada y te hayas borrado.

Quiero que no quede nada de ti en mis venas. Que los recuerdos se pudran, como raíces secas. Quiero mirarme al espejo y ver arañazos, pero no quiero una herida abierta. No quiero ver como cicatriza, como se cierra, como la carne vuelve a llenar el espacio donde antes estabas tú.

Quiero arrancarte completamente. Que desaparezca la rabia: un amor al revés. No quiero tormentas, ni playas sucias tras el oleaje. No quiero los hierros retorcidos del accidente. Quiero regresar a la carretera y que solo haya asfalto vacío y restos oxidados en el arcén.

No quiero contar mi historia, ni que formes parte de ella. Quiero despertar cuando seas el recuerdo de una versión antigua de mi mismo. Quiero reírme cuando reconozca mis propios errores. No ser la vergüenza del que, aún sabiendo, no hizo nada. No quiero ser el único equivocado. No quiero que seas lo que justifique cada una de mis rarezas. Que nadie pague lo que yo no supe perdonarme.

Quiero despertar y que ya todo haya acabado. Quiere estar en ese momento en el que me resulte imposible entender por qué me costó tanto, si no era tan complicado, saber que no había otra forma, que solo podía ser de esta manera. Quiero llegar allí sin pasar por ninguno de los estados intermedios. No quiero que seas nada que pueda cambiar mi sonrisa. Que me cueste recordar tu nombre y al hacerlo, ya no sepa colocarte en el tiempo. Que seas lejana, una sombra borrosa.

Quiero ser huesos y agua, no tener corazón que duela, ni cabeza que me llene de imágenes. No quiero oír el eco de tu voz en mi casa colonizada, ni encontrarte al atravesar las calles donde nunca antes habíamos estado y ahora se esconde el eco de tus pasos. Quiero ser piel y músculos, no tener estómago que se retuerza con tu ausencia, ni voz que susurre tu nombre.

Quiero, simplemente, despertar y que ya no quede nada.

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