¿Gavilán o Paloma?

Estaba comprando un par de pasajes de avión para mis padres cuando, en uno de los formularios para finalizar la reserva, había que elegir una de estas dos opciones:

“Sexo H[ ] M [ ]”

Puede parecer, a priori, una pregunta sencilla, pero no he sabido si “H” se refería a “Hombre” y “M” a “Mujer“, o “H” equivalía a “Hembra” y “M” a “Macho“.

Siempre me han resultado conceptos complejos, como saber que dirección tomar si alguien dice “izquierda/derecha“, o los carteles de “tirar/empujar“. Cuando leo en una puerta “empujar“, entiendo que puedo empujar hacia dentro o empujar hacia afuera, y lo mismo me sucede con “tirar“: puedo tirar hacia dentro o tirar hacia afuera. Supongo que la mayoría de la gente lo sabrá instantáneamente, y será un acto reflejo del que no tienen ni que pensar, pero yo siempre que veo el texto en la puerta tengo que pararme a reflexionar. No es tan claro como un cartel rojo con una línea blanca, que es claramente “prohibido“, o uno verde con una flecha, que es “pasa por aquí”. Mi cabeza lo tiene claro: “color rojo” es NO; “color verde” es SÍ. El lenguaje universal de los semáforos.

Algunas veces los mensajes que se tienen que interpretar según un dibujo, o según un concepto abstracto, los entiendo mal. Y no soy al único que le pasa. Hubo, hace tiempo, aquel anuncio de un coche en el que salía un tipo vestido de Elvis dentro de una especie de Simca 1200 con un muñeco de Elvis pegado con una ventosa en el parabrisas. A cada cambio de marcha del falso Elvis el coche vibraba y, con el movimiento brusco del vehículo, el muñeco Elvis quebraba la cintura. Entonces el falso Elvis sonreía y bailaba con él. De pronto se estropeaba el coche -en un anuncio todo es de pronto, duran 15-20 segundos- y el falso Elvis abandonaba el Simca y se quedaba en la cuneta haciendo autoestop. Le recogía una señora pija en un coche pijo, de los de ir a recoger a los niños a la puerta del St. Peter’s School. El falso Elvis, en el asiento del copiloto, saca el muñeco del bolsillo, le da un lengüetazo a la ventosa y lo pega en el parabrisas del coche de la pija. Espera, impaciente, a que la señora cambie de marcha, pero esto nunca sucede: el cambio del coche pijo de la señora pija es automático y no se estremece. Cuando la pija se da cuenta de la tristeza del falso Elvis, mueve con un dedo al muñeco Elvis para que quiebre la cintura, y el falso Elvis, por fin, se pone a bailar también.

En estos 15-20 segundos el mensaje debía estar claro para la mente de los creativos: “el cambio automático es más cómodo que el manual, y no hay vibraciones molestas“. Pero parece ser que casi nadie lo entendió, porque se dispararon las ventas del muñeco de Elvis y, aquel año, en todas las carreteras de España, los coches de recoger a los niños en el colegio público, llevaban un muñeco Elvis quiebra-cinturas colgado en el parabrisas, y nadie recordaba de que marca era el coche que se anunciaba.

Espero que la próxima vez que tenga que comprar un billete de avión usen símbolos más claros, como la “V” de “Varón“, y la “H” de “Hembra“, o la “M” para “Masculino” y la “F” para “Femenino“, que no llevan a equívoco.

Yo, finalmente en esta compra, he marcado la “M” de “Macho” para mi padre, y la “H” de “Hembra” para mi madre.

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