India: Día #11

(sábado 26 de julio – Varanasi)

Solomillos

Aquel domingo, que pasábamos en el apartamento de Sergio en la costa, decidimos que al mediodía comeríamos solomillos. En un par de coches fuimos hasta el supermercado del pueblo de al lado y compramos todo lo necesario para preparar la comida: la ensalada, las patatas, la carne y el vino. A la hora de pagar yo dije que invitaba a la carne, así que la dejamos aparte. A la hora de cocinar descubrimos que no había aceite para freir las patatas, así que hicimos solo la ensalada. Javi, que era el responsable de freír la carne, ya que él tenía el toque para hacerla al punto en una cocina normal, sacó una sartén, encendió el fuego, y pidió los solomillos. Buscamos en la nevera y no estaban. Revisamos todos los armarios de la cocina y seguían sin aparecer. Finalmente bajamos a los coches y miramos encima y debajo de los asiento y en el maletero. Allí no estaban tampoco. Todos me miraron a mi, que había sido el último en tocarlos. “¿Dónde los dejastes?”. Yo levanté las manos, como un santo y contesté: “Yo solo me encargué de pagarlos, no de cogerlos”.

Javi, apagando el fuego, dijo, “es uno de esos días en los que casi comimos solomillo con patatas, pero no pudo ser”.

Suecia

El día pinta bastante bien, a pesar de que la lluvia de la mañana ha dejado una de esas humedades en las que se puede navegar y la noche ha sido rara con pesadillas y sueños pesados.
Recibí un mensaje anoche de las chicas suecas de Bombay, Josi y Johanna, que van a llegar a Varanasi esta mañana a las 10, y quedamos en vernos en cuanto estén ubicadas. Si no encuentran mi hostel, nos escontramos a las 5pm en el Dashashwamedh Ghat.

Yo, mientras tanto, intento decidir mis siguientes pasos: dónde ir y cómo. El Internet del hostel se corta todo el tiempo, pero consigo darme de alta por fin en la web de IRCTC (la compañía nacional de trenes en India). Todos los trenes hasta Agra están ocupados, así que mejor ir directamente a la estación y preguntar en la oficina oficial de turismo, que siempre sacan billetes para turistas. Decido esperar a reunirme con las chicas y saber qué van a hacer ellas.

A la 1 de la tarde sigo sin tener noticias de ellas.

Comida

Al mediodía recibo un mensaje de la pareja de australianos del tren, Paul y Katty, que nos veamos a las 7:30pm en un lugar donde hay música en vivo de sitar, y me recomiendan un lugar con comida internacional done, según ellos y la guía, no se come nada mal.

Mediodía, hambre, cocina internacional, huir del picante. Voy al lugar que me han recomendado dentro de los callejones de la zona del Lalita Ghat. El lugar no está mal, se sube a un segundo piso, y se come sentado en el suelo con mesas bajas estilo japonés, pero con el acabado indio: bichos, suciedad, ventilador en el techo, camarero masticando eso que llevan en la boca todo el día y que les deja los dientes rojos y que cuando hablan solo farfullan. Pido patatas fritas y pizza con tomate. Menú de comedor de colegio, pero que ese momento me parece lo más delicioso del mundo.

Veinte minutos más tarde aún no han traído nada y pregunto por mi comida. “¿Qué era?”, me farfulla el camarero. Vuelvo a pedir. Cuarenta minutos más tarde ya me he estirado en el suelo y con la espalda apoyada en la pared me he adormilado. Una hora y cuarto más tarde me traen las patatas que están quemadas por fuera y crudas por dentro, y ketchup picante. Pregunto por la pasta y me dicen, “No, la pasta se ha terminado”. Muerto de hambre me voy a otro lugar dejando las patatas, el ketchup y la botella de agua.

En las callejuelas compro varias fritangas. Llego al ghat y me siento en un escalón. Pruebo una gotita de la salsa que me han echado en una bolsa para acompañar a la fritanga y tengo que salir corriendo a un kiosko a comprar un zumo de mango para que me deje de arder la boca. Muerdo la primera bola y dentro tiene una guindilla. Corro a comprar otro zumo. Las otras bolas se pueden comer, pero ya no puedo saborear nada. Lo dejo todo a medias.

Zaragoza

Son cerca de las 5 y estoy sentado en el ghat donde he quedado con las chicas. Espero un rato y no aparecen. Empiezo a estar agobiado de todos los cazaturistas que se sientan a mi lado o caminan conmigo y por mas que los ignoro me hacen las mismas preguntas, una detrás de otra, para acabar queriéndome llevar a su tienda. Huyo hacia el sur recorriendo todos los ghats hasta llegar al último, el Assi Ghat. Me siento en una cafetería con terraza y vistas al río y pido un chai. Al lado hay una pareja de Zaragoza, y nos ponemos a charlar. Se ríen con mis teorías de los indios y no me doy cuenta de la hora hasta que veo que se ha hecho de noche. Son las 6.30 y quería ver la ceremonia de ganga aarti, con danza y fuego, que es exactamente en el ghat de donde vengo, en la otra punta. Cuando llego el fuego ha terminado.

El concierto

Voy al bar del concierto que me han dicho los australianos, llego 40 minutos tarde. Al entrar no veo a nadie, pregunto y me dicen que hoy no hay concierto. No encuentro a la pareja, no hay forma de comunicarse con ellos. Vuelvo a la zona de mi hostel y voy al bar de siempre a cenar algo. Me encuentro unas chicas con las que he coincidido varias veces en el mismo bar. Charlamos un rato, son de Barcelona, se van para el Nepal ahora mismo. “Lástima no haber hablado antes, ahora nos tenemos que ir”, dicen, “Sí, es una lástima, respondo yo”. Con la charla no me he dado cuenta que he pedido una ensalada de tomate, cebolla y olivas. Normal general: nunca comer vegetales crudos.

PC

Pienso que lo mejor es matar el día, así que me voy a mi hostel y me siento en la terraza con el ordenador. No enciende. Después probar mil cosas e intentar arreglarlo con un palillo a falta de destornillador, concluyo que ha muerto. Sigo sin saber nada de los australianos y las chicas. La barriga empieza a hacer sonidos extraños. Tengo la ropa empapada. No queda nadie con quien charlar. Recibo un mensaje de las chicas, se han perdido, pero nos vemos mañana a las 9 para desayunar.

Casi pero no

Es uno de esos días en los que:

Casi me reúno con las chicas suecas, pero no pudo ser.
Casi me reúno con la pareja australiana, pero no pudo ser.
Casi como algo no picante, pero no pudo ser.
Casi voy a un concierto, pero no pudo ser.
Casi veo la ceremonia en el Ghat, pero no pudo ser.
Casi puedo pasar este texto a limpio y ver las fotos. Pero no pudo ser.

Lo peor de todo es que no puedo mirar a nadie y preguntarle qué paso, porque el que compro los solomillos y no cogió la bolsa después fui yo.

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