India: Epílogo: Dos veces yo

-¿Ya tienes que irte? ¿No quieres quedarte un poco más? Me gusta tenerte cerca.
No, ya sabes como funciona. Ha llegado el momento de despedirnos. Ya no me necesitas. Pero sabes que voy a estar ahí, que volveremos a vernos muy pronto. Ya sabes como te sientan los octubres.
-Lo sé. Pero nunca se me dieron bien las despididas, me pongo melancólico, me da por recordar. ¿Te acuerdas cuando nos conocimos?
Claro, recuerdo todo lo que tú recuerdas.
-Fue en el hospital, cuando me quedé solo por primera vez. Con la habitación oscura, los beeps-beeps y sin apenas entender nada. No estaban mis padres, ni mis hermanos, ni mis amigos. Era raro. Desde muy pequeño siempre había dormido con Juanan y antes con mi hermana. Y de pronto no había ninguna cara conocida, nadie con quien hablar. Durante horas. Muchas horas. No oírme durante tanto tiempo era algo que me desesperaba.
Y ahí nos conocimos. Empezaste a hablar conmigo, a escuchar tus propias palabras, como si le hablaras a un extraño, como si el que te contestara no fueras tú y yo no fuera otra versión de ti mismo. Así superaste la noche, hablándote, hablándome, hasta dormir.
-Y perdimos la fe en un dios. Ya no tenía sentido nada de lo que nos habían enseñado. No nos hacía falta nadie a quien acudir ni pedir perdón, nadie a quien rezar, nadie nos escuchaba, nadie nos observaba, estábamos solos. Tú y yo. Nos haciamos compañía. Nos cuidábamos. Nos podíamos hablar cuando no había nadie con quien hacerlo.
Mientras estés solo, mientras no tengas a nadie con quien hablar, yo estaré contigo. No te pongas melancólico ahora, lo hemos pasado bien estos días.
-Te echaba de menos, hacía tiempo que no nos veíamos.
Tampoco tanto, ¿febrero? no, enero fue la última vez. Pasamos las navidades juntos. Ha habido temporadas más largas sin saber el uno del otro.
-Si, no parece tanto, pero están pasando tantas cosas que te quiero contar. Quédate un poco más, ahora hay poca gente en la ciudad, quedan pocos amigos. Ven a Barcelona. Podemos pasear con la bicicleta, ir a buscar nuevos no-lugares, de esos que tanto nos gustan. Escribir canciones.
Sabes que no puedo, sino se perderá el equilibrio. Es así como funciona lo nuestro. Así es como funcionas por dentro. Aparezco cuando hay que poner orden. Si pasamos más tiempo juntos cuando aparecezca el Otro, no podremos luchar contra él, y no queremos que eso nos pase. ¿Ya has olvidado Varanasi?
-No, no lo he olvidado. No quiero ver al Otro en mucho tiempo. Me da miedo.
Y a mi, por eso tenemos que hacer las cosas bien. Yo tengo que marcharme ya, pero estaré aquí cerca. Siempre estoy vigilando. Antes de que él aparezca, yo estaré a tu lado.
-Lo sé. Pero yo… ya sabes.
Sí, lo sé. Yo también. Cuídate, piensa nuevas historias para contarme cuando vuelva. Yo estaré ahí para escucharlas.
-Te voy a echar de menos.
Y yo. Pronto nos veremos.
-Adiós.
Adiós.

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