Un final

Así que el final era solo eso: un final. Un silencio eléctrico en el otro extremo de la línea. Fragmentos de papel flotando en el viento. Deseos vencidos guardados en el congelador. Recuerdos pudriéndose en los cubos de la basura.

Quedará la silueta de un solitario buscando metales entre los granos de arena cuando ya no queda nadie, y nosotros debajo de la toalla, sin importarnos lo que suceda fuera. Los restos del neumático en la pista de aterrizaje, y el olor de tu pelo en el aeropuerto. La marea golpeando el embarcadero privado de tu casa, mientras a lo lejos, ya invisible, se aleja un barco que ya no es el nuestro. La sauna fría y las gotas de vapor en los cristales, y unas horas más tarde räkor en los bares del puerto. Tu sombra dormida en el asiento de la bicicleta mientras yo pedaleo de vuelta a casa. Cajas de cartón, precinto transparente y una fracción de tiempo escondido dentro. Una ventana abierta para el aire limpio. Las habitaciones vacías antes de cerrar la puerta. Y decir adiós moviendo las manos.

Debajo de cada ruina, una cicatriz. Y sobre cada pedazo de hierro retorcido, los restos carbonizados de otra vida que ya se fue. Un desvío en cada cruce, un futuro nuevo por cada salida de la autopista, una elección en cada puerta cerrada y el miedo a los candados abiertos. Una píldora para el olvido. La costra de las heridas. Recordar, levemente, que donde ahora quedan errores, antes descansaban tus pesadillas.

Construir sobre los restos de una civilización antigua. Esperar a que el terremoto lo arrase todo y solo quede polvo para empezar de nuevo.

Porque el final era solo eso: un final. Y un nuevo principio.

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