Dylan McKey

Ayer, lunes 4 de marzo, murió Luke Perry, el Dylan McKey de “Sensación de Vivir”. Murió sedado en un hospital después de un derrame cerebral. Tenía 52 años, 28 años más de los que tenía James Dean cuando, conduciendo por la costa californiana su Porsche Spyder 550, «Little Bastard«, se empotró con un Ford en el cruce 41-46 de localidad de Cholame.

Siento que he perdido a un viejo amigo del instituto al que dejé de ver muchos años atrás, cuando empecé la universidad y me alejé del barrio, pero al que he tenido presente toda mi vida. Forma parte de mi adolescencia sentado en un sofá de escay con mi hermano y con mi hermana. Recordarlo es volver a un tiempo donde no existía la soledad y siempre mirábamos la televisión en familia.

En el año 1990 telecinco comenzó a emitir la serie “Sensación de Vivir”. El nombre original, “Beverly Hills, 90210”, hacía referencia a Beverly Hills, el barrio pijo de Los Angeles, California, donde acababan de mudarse los Walsh, los padres y los dos hermanos mellizos, Brandon (Jason Presley, 1969, 21 años al inicio de la serie) y Brenda (Shannen Doherty, 1971, 19 en la serie). 90201 era el código postal.

La trama giraba alrededor de estos dos hermanos y de los amiguitos chic que iban a conocer en su primer día de clase en el insti. Los recién llegados junto a estos nenes ricos rodeados de lujo, y a lo largo de 10 temporadas, sufrirían todo lo sufrible como si malvivieran en una favela o en un territorio bajo la tensión por una guerra inminente, preguntándose cada noche antes de acostarse si tendrían fuerzas para sobrevivir el siguiente día. Nosotros, mis hermanos y yo, sufríamos cada semana con ellos como si sus problemas fueran los nuestros.

El grupito de amigos estaba formado, además de por los mellizos Walsh, por Dylan McKay (Luke Perry, 1966, 24 en la serie) que asume el rol del tipo torturado-con-la-vida-a-pesar-de-su-fortuna con buen corazón, un clon de James Dean que bebe, se droga, juega con armas y se mete en todos los líos necesarios para estar a punto de morir temporada a temporada; Kelly Taylor (Jennie Garth, 1972, 18 años en la serie) la rubia con fama de fácil por haberse acostado con por lo menos dos (2) chicos, un número demasiado elevado para la moral americana de tele-serie teen de los 90; Donna Martin (Tori Spelling, 1973, 17 en la serie) la rubia tonta que estaba enchufada en la serie por ser la hija del productor (Aaron Spelling) sin carisma y recordada por su ultramoralidad y por marear a unos 15 novios con los que nunca se llega a acostar; David Silver (Brian Austin Green, 1973, 17 en la serie) es el DJ Mc Hammer de la pandilla y que siempre anda entrando y saliendo de una relación con la beata Donna; Steve Sanders (Ian Ziering, 1964, 26 en la serie) es el rico gamberro consentido que no estudia y solo piensa en la fiesta. Por último está Andrea Zuckerman (Gabrielle Carteris, 1961, 29 en la serie) que interpreta a la niña pobre y empollona del grupo que finge ser de Beverly Hills, pero no lo es, y que se tiene que marchar de la serie en la quinta temporada porque a sus 34 años reales aparenta cuarenta y tantos y ya no es posible pasar por los 20 que se supone tienen el resto de los chavales.

Todos ellos, al inicio de la serie, interpretan a estudiantes de 16 años del West Beverly Hills High School. Episodio a episodio les vamos acompañando desde nuestro salón mientras se emborrachan, se drogan, se desvirgan, se preñan, trabajan de camareros y socorristas, se rompen el corazón una y otra vez, se enamoran, se dan besitos y se desenamoran de todos y con todos y no se les escapa nadie que se acerque a un radio de varios kilómetros alrededor del barrio y tenga piel blanca, dientes perfectos, pelo brillante y el cuerpo de deportista. Verdaderos depredadores del amor y de la carne.

A la Fox, de la mano del productor Aaron Spelling, después del éxito de la serie original, se le ocurre que habría que repetir el formato y crear una nueva historia de personajes corales con unas tramas más adultas siguiendo la estela de los cachorros pijos. En el episodio 27 de la segunda temporada aparece en un papel secundario Jake Hanson (Grant Show, 1962, 30 años, en la serie), un obrero de la construcción amigo de Dylan (¿quién si no va a tener amigos obreros?) que va a realizar unas chapuzas en casa de Kelly para adecuarla a la celebración de la boda entre Jackie, la madre de Kelly, y Mel, el padre de David-dj-mc-hammer. Estamos en el segundo curso de “Sensación de Vivir”, y Kelly es una adolescente de 17 años que se calienta viendo a un Jack obrero y sudoroso colocando flores en el porche. Él, a sus 30, se enchocha lo suficiente (¿quién no?) para meter a la rubia en su coche destartalado y llevarla a su pisito en un complejo de apartamentos en West Hollywood, llamado “Melrose Place”, lleno de viejóvenes. Allí es donde se dan abracitos, besitos y se follan un poco, pero solo un poco, que sigue siendo una serie infantil.

En los tres primeros episodios del spin off aparece Kelly, y se dejan ver Donna (cómo no, la serie es de su papá), David-dj-mc-hammer y Steven-siempre-aparenté-16-años. Luego la serie vuela sola sin que vuelvan a aparecer ninguno de los nenes de la serie original.

La nueva serie nos engancha y nos enloquece, especialmente a mi hermana y a mi, que ya somos casi mayores de edad.

Al terminar la primera temporada a la Fox no le salían las cuentas y el número de espectadores no era suficiente para mantener el barco a flote. Tienen que dar un giro a las tramas, y como ya tienen en la original un escaparate donde lanzar mensajes conservadores (Brando se emborracha UNA vez y Dylan lo lleva a Alcohólicos Anónimos; David toma UNA vez una anfetamina y se convierte en un adicto; Kelly esnifa una raya y es una toxicómana; cualquier personaje que bebe UNA copa tiene un accidente de coche inmediatamente; Donna solo perderá la virginidad cuando se case) deciden que la nueva temporada de «Melrose Place» va a tener que ser un poco más fresca. Introducen nuevos personajes y deciden que a partir de ese momento todos se van follar con todos. Amanda Woodward, la dueña de los apartamentos, se los acaba restregando a todos en su cama con sábanas de leopardo. A todos menos a Matt, que es homosexual y el primer gay protagonista de una serie americana. Mi hermana y yo estábamos encantados y amábamos aún más a Dylan por habernos presentado a su amigo Jake. Nos enamoramos de él, y de Billy y de Allison. Moríamos de amor y de lujuria, aún sin saber que esas dos cosas existían y podían ir de la mano o podían ir cada una por su lado.

Queríamos llevar las camisetas remangadas como los Brandons y Dylans y el pelo cortado de la misma forma, con el flequillo o el tupé. Imaginaba un mundo más hermoso con una Kelly rubia y de ojos claros a mi lado. Todas las carpetas forradas con las fotos con la carita de medio lado de Jason Presley y de Luke Perry, con las arrugas eternas en la frente y los morritos tristes de un rebelde sin causa con la piel quemada por los cigarrillos de su último amante de motel. Billy compitiendo con Jake en el desplegable central del “Super Pop” y los artículos del “Nuevo Vale” explicando los mil y un trucos para conquistar a los protagonistas y darles placer si por un casual te eligen a ti, niña de 15 años, para compartir una noche llena de saliva y calor. Queríamos vivir en la playa y que Brandon nos salvara la vida, y queríamos vivir en un complejo de apartamentos con piscina y palmeras. Queríamos tener un Peach Pit donde reunirnos después de clase y queríamos conocer a una Amanda Woodward que nos sedujera y nos practicara una lobotomía después de devorarnos enteros en su cuarto. Queríamos buscar el amor eterno a base de equivocarnos y ser rencorosos y vengativos y meter fuego a las casas ajenas, robar los maridos y las mujeres de cualquiera y follarnos a la novia de nuestro mejor amigo. Queríamos sufrir todo el tiempo, ser malvados luciendo como educados y entrañables estudiantes o trabajadores de oficina.

Fuimos creciendo. Las teles pasaron a tener más herzios de refresco y más tarde las pantallas fueron planas como hojas de papel. Dejamos de ver la televisión en familia, y cada cual se refugiaba en su cuarto a mirar su propio aparato. Tiramos las carpetas con separadores y cambiamos los pósters de actores y actrices por otros de bandas de grunge y películas de Woody Allen y Ed Wood. Nos dejamos crecer el pelo y nos olvidamos de los flequillos y las camisetas remangadas. Dejamos de soñar con palmeras y compartimos pisos en la Eixample sin Amandas que nos pidieran el alquiler cada mes y nos enseñara sus sábanas de leopardo de vez en cuando. Nadie nos llevó a alcohólicos anónimos después de la primera borrachera y nadie murió en la Sierra por conducir el coche a las 9 de la mañana tras una noche dando saltos y bebiendo calimocho en el pueblo de al lado. Nos enamoramos, nos besamos y nos desenamoramos y nadie murió en el proceso. Pasaron los años y nos olvidamos de California. Los abandonamos sin saber si al final acabarían juntos David y Donna, Kelly y Dylan, Brandon y Kelly, Brenda y Dylan, Steve y Kelly, o si Brandon y Brenda pasarían una noche de pasión al olvidarse que seguían siendo hermanos. Cogimos todos los buenos momentos vividos y lo escondimos en el cajón de los placeres culpables, junto a Mecano y las películas de Parchís y los chistes de Arévalo.

Pero no puedo dejar de echar de menos, 29 años más tarde, como nos peleábamos mi hermana, mi hermana y yo por sentarnos en el mejor sitio y como mi madre nos preparaba la merienda, y más tarde la cena, a la hora de “Melrose Place”. Y les estaré eternamente agradecido a Brando, Brenda, Dylan, Kelly, Donna, David y a Steve, a Jake, Billy, Alison, Sydney y a Amanda por haber formado parte de mi familia y de mis primeros sueños eróticos.

Ahora sé por Youtube que en el último episodio hay una boda, la de Donna y David, y que por fin hay penetración y ella a sus 26 años (VEINTISEIS) pierde la virginidad después de casarse con el amor de su vida. Y que Dylan y Kelly se vuelven a enamorar en la última escena, antes del baile.

Luke Perry se llevó al final la chica de mis sueños. En paz descanses, ganador.

De Andrea no recuerdo ni las gafas.

Deja un mensaje

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.