3 días

Cine

Fue a principios de marzo. Estaba con algunos de los chicos comiendo empanadas y bebiendo mojitos en La República, cuando Tito recibió un mensaje de Marta diciendo que andaba por el barrio. Ellos no se conocían todavía en persona, ni tampoco la conocíamos ninguno de los demás. Solo sabíamos que había comprado una entrada para la presentación de la película de Manuel Mira para un día en el que no podría ir.

-Dásela a alguien – le dijo a Manuel devolvíendosela con un número de teléfono en el reverso-. El trato es que la persona que entre por mi debe mandar un mensaje cuando termine la proyección contándome si le ha gustado la película.

Y Tito fue el que entró en su lugar y mandó el mensaje.

Todo esto había sucedido a finales de febrero, y ahora, a principios de marzo, con las empanadas ya comidas y los mojitos bebidos, conocíamos en persona a Marta.

Libretas-sobre

Nos cambiamos a un bar del Paseo de Born, y, mientras bebíamos cerveza, nos habló de su Proyecto Final de Carrera: las libretas-sobre. Aunque aún no sabía si ese sería el nombre definitivo, las libretas-sobre eran unas libretas donde cada página, además de ser una hoja donde escribir, era un sobre.

Nos enseñó varios modelos que llevaba en su mochila, hechos a mano. Sobres sin solapa doblados y cosidos por el lomo. Se podía escribir en las dos caras de cada hoja y guardar objetos en el sobre del medio. Fue al despedirnos cuando sacó una y me la dio.

-Haz con ella lo que quieras, lo que te apetezca: escribe un cuento, o una canción, o lo que se te ocurra. Solo necesito que me la devuelvas para presentarla con el proyecto en junio.

Y le prometí que escribiría un cuento o la letra de una canción, o cualquier cosa que se me ocurriera.

Diarios

Cuando viajo siempre escribo un diario. Puede ser algo sencillo como unas anotaciones de los lugares que visito; donde duermo; los precios que pago; las horas que tardo en moverme de un sitio a otro; los nombres de la gente con la que me cruzo. O puede que escriba un relato del viaje lleno de cuentos: con los olores, los colores, las conversaciones y los recuerdos que, inevitablemente, se disparan con el movimiento.

Me gusta recuperarlos pasados los años. Encontrarme con una versión anterior de mi mismo, siempre mejor, siempre más inocente, siempre más tonto, siempre menos malo. Mirar las fotos y recuperar los lugares. Poner nombre a las caras. Recordar el número de horas que pasé en aquel tren, y la conversación que mantuve con ese desconocido en el salón de un algún hostel.

Los cuentos y los relatos del viaje me transportan de nuevo a los mismos paisajes y vuelvo a estar allí: a oler las calles; a oír los sonidos de los edificios; y sentir las luces a través de las ventanas. Me vuelvo a ver sentado en cualquier lugar escribiendo y me ataca la necesidad de iniciar un nuevo viaje, a salir de la rutina diaria que, en ocasiones, es una nada gigante vacía de todo, comparado con ese todo lleno de cualquier cosa insignificante que se vuelve gigante.

Guitarras

Había ido tomando notas de las distintas fases de la grabación del disco: desde la primera idea de grabar en casa nosotros mismos hasta acabar con un productor y con músicos tocando nuestras canciones. Eran anotaciones sencillas, como las de los diarios sencillos: días, lugares, nombres, decisiones.

Quería guardar todo el proceso, consciente de que iba a ser algo único, y que quizás no se volvería a repetir. Algo que querría recordar y no perderlo entre tantas capas de presente que se acumulan día a día. Nuevas pieles sobre las pieles anteriores y todo acabando en un Gran Olvido. En un tiempo en el que generamos millones de imágenes almacenadas en soportes magnéticos, apenas queda espacio para recordar cerrando simplemente los ojos. Quería conservar recuerdos solo con palabras.

El 20 de marzo fue la fecha acordada para la grabación de mis guitarras. Tenía miedo de tocar sin sentimiento, de no saber seguir la melodía sin mirar a Sabrina o a Juanan, así que decidí ensayar con metrónomo unos días antes, sentado en la mesa del comedor. Fue así como reapareció la libreta de Marta que daba vueltas sobre la mesa, junto al resto del desorden habitual. Supe al instante que en aquella libreta-sobre no iba a escribir un cuento, ni la letra de una canción. Iba a escribir el diario de aquel día de grabación. Como un viaje lejano fuera de mi propia vida, un extraño colándose en un mundo que no era el suyo.

3 días

Comencé a escribir desde el mismo instante en el que me levanté aquel 20 de marzo; a guardar pequeños objetos que iban apareciendo al moverme; tomando fotos que luego guardaría en los sobres.

Acabé el día y la sensación que tenía era muy parecida a la que sentía en los viajes lejanos en los que escribía cuentos. Aún quedaban páginas en blanco y quería seguir escribiendo, así que decidí anotar también el día siguiente, aunque ya no tuviera que grabar más guitarras.

A mediodía del día siguiente ya había completado la libreta. No podía dejarlo a medias, así que seguí escribiendo en otra libreta nueva, esta vez sin sobres. Al acabar el segundo día estaba viviendo cada instante con tal intensidad que decidí que seguiría otro día más.

Iba a acabar siendo un diario de 3 días, de mi vida normal, de la casa en la que habito, cercano, sin paisajes exóticos, sin esperas en aeropuertos ni conversaciones con extraños en otro idioma diferente al mío. Sería un viaje alrededor de mi habitación.

Fantasmas

Le entregué la libreta-sobre a Marta, como le había prometido, a tiempo para que lo presentara con su proyecto, pero antes hice una copia. Pensé que podría utilizarlo para promocionar el disco cuando estuviera terminado.

En agosto estábamos escuchando las últimas mezclas y busqué las fotocopias. No lo había leído desde entonces, y al hacerlo encontré una versión de mi mismo que me resultaba antigua y mejor. Un poco más tonto, y menos malo. Pero también encontré algunos fantasmas escondidos entre las líneas, algo demasiado personal que nada tenía ver con cuentos ni canciones. Lo volví a guardar en un cajón.

Reposar

He regresado de un nuevo viaje en el que he escrito un diario, y he recordado aquel otro texto en el cajón. Han pasado 9 meses desde la sesión de grabación de guitarras y de aquellos tres días. Hay nuevas capas de pasado sobre antiguas capas de pasado. Los fantasmas se han escondido en sus cuevas y aquellas horas me resultan ahora tan lejanas como cualquier otro viaje exótico con escalas, aeropuertos, y hoteles, y conversaciones en otro idioma.

Al leerlo ahora con otra piel me he dado cuenta de la importancia de la normalidad. He aprendido que para que cualquier día sea excepcional, y no se pierdan como el resto de los segundos que se van irremediablemente por el desagüe del tiempo, solo se tienen que escribir en una libreta, con o sin sobres, y dejarlos reposar, para, dentro de un tiempo, descubrir que los recuerdos y la melancolía se transforman y desaparecen, y que no hace falta irse muy lejos, ni hacer grandes hazañas, para que cualquier momento sea especial.

Me gusta la idea de que cualquier vida es excepcional si se mira con los ojos adecuados.

El diario

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