El templo dorado

El Templo Dorado es el santuario sagrado de los Sijis, esos tipos con turbante, barba y sonrientes, que parecen papanoeles, y es, además, el atractivo principal de Amristar. El resto es un tráfico enloquecido del que solo puedes preguntarte: ¿a dónde vais con tanta prisa? ¿quién os espera? ¿qué es tan importante que no puedes pararte en un semáforo ni tomar la rotonda por el lado correcto?

Porque si hay algo que me llena de curiosidad es saber a donde van todos con tanta prisa, que parecen yonkis de los que cruzan en rojo la Diagonal y corren de un lado a otro como autos de choque, y que te imaginas diciéndose entre ellos “corre, que hay prisa, que hay prisa”, con una chaqueta roja de repartidor de Telepizza por encima de los hombros, con los brazos por fuera, y una gorra verde de Cementos Pérez.

En los países donde la gente conduce con prisas también hablan, se mueven y viven con el mismo estrés. Sin embargo aquí se lo toman todo con mucha calma: esperan pacientemente en las colas; hablan tranquilos y sin gritos; comen lentamente y mastican; sonríen cuando te ven pasar cuando hace un rato te querían matar por pasar justo por el centímetro cuadrado del espacio que ocupabas.

El Templo Dorado está dentro de un complejo gurdwara llamado Harmandir Sahid. Alrededor bocinas y gritos, vendedores de postales y un millón de personas lavándose los pies para entrar en el recinto, que es una construcción cuadriculada de mármol, con un estanque gigante y en medio el santuario, el Templo Dorado, a la que se accede por una pasarela. Según parece el agua del estanque tiene poderes curativos y los peregrinos vienen a bañarse. Demos todos un gran aplauso y gritemos bravo. Picante en cada comida y bañarse en este agua y, de paso, darle unos sorbitos. Plás-plás. Bravo. No me extraña que hayan tantos indios: son inmortales.

Fuera el caos, pero dentro todo en orden, se transforman. Sin empujones, sonriendo, pidiendo perdón si te tocan sin querer, unos durmiendo en el suelo, por los altavoces unos cánticos que se llaman Gurbani, y que es en vivo, como descubro cuando entro en el templo y veo a los tres músicos, uno con unos bongos y otros dos con una especie de piano-acordeón que ya averiguaré qué es, tocando y cantando con sus SHURE SM-58.

Al ser un templo tan importante, casi todos los sijs lo visitan una vez en la vida, así que miles de personas llegan cada día para visitarlos y duermen en el mismo templo, bajo los arcos. Hay un comedor gigantesco donde los voluntarios dan de comer a 100.000 personas al día.

A las 22:30 transportan el Adi Granth, la escritura sagrada, desde el templo a su habitación.

Qué hijos de puta estos de SHURE, ¿cuantos millones de micros habrán vendido de ese modelo? ¿lo habrán mejorado alguna vez o será exactamente la misma tecnología de siempre? Que montón de cosas me quedan por aprender.

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